"Tú eres el Hijo de Dios"
Texto bíblico base: Mt 16,13-20

Por Jaime Alarcón Vejar

Vivimos en un mundo en donde el reconocimiento social es muy importante para la persona. De alguna forma, todos y todas, como seres sociales, deseamos ser reconocidos por alguna cualidad personal que tenemos. Las redes sociales de hoy, son la expresión visible de este anhelo humano: millones de jóvenes y adultos, de alguna manera, desean visibilizarse, distinguirse de la multitud por alguna cualidad o capacidad. Algunos lo hacen para entretener y generar recursos económicos, otros para socializar su ideología ya sea política o su cosmovisión, y otros pocos para comunicar un mensaje orientador en medio de un mundo de incertidumbre. Cual sea la motivación de la persona, ella manifiesta lo que es y para lo que ha sido creada: para trascender y vivir relacionada con lo trascendente.

El texto del evangelista Mateo 16,13-20 menciona la preocupación de Jesús por saber: qué decía la gente sobre él, pregunta que va a originar la confesión de fe más polémica de Simón Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v.16). A simple vista la preocupación de Jesús parece algo muy egocéntrico, pero no es así. Al contrario, el saber quién soy de alguna manera define la misión y sentido de mi vida. Lo curioso de esta narrativa es que el conocer quién es Jesús, no depende de la impresión personal (fenomenológica) de Jesús, sino de la percepción social acerca de su persona. Lo que se podría definir: ¿cómo me perciben socialmente? Veamos algunos detalles que nos pueden dejar algunas enseñanzas útiles para nuestra vida cristiana.

1.- ¿Que dice la gente acerca de lo que yo soy?

Jesús y sus discípulos pasaban por la ciudad de Cesarea de Filipo, ciudad ubicada a 40 km., al norte del Mar de Galilea. Una ciudad principalmente habitada por griegos. El hijo de Herodes el Grande, Herodes Filipo, mandó construir aquí un templo en honor al emperador César.

Es en esta ciudad cosmopolita donde Jesús le pregunta a sus discípulos acerca de qué dice la gente sobre su identidad. Jesús se atribuye sobre su persona el título “Hijo del Hombre” (ben ‘Adam). Un título profético-escatológico usado por Daniel 7,13-14. Indicando a una figura especial y milagrosa. En el lenguaje apocalíptico era un título mesiánico; se trata de un símbolo humano que representa una figura escatológica. Pero también representa a una persona humana. Dios llamó al profeta Ezequiel 93 veces como “hijo de hombre”, o sea un ser humano. El título “Hijo de Hombre” aparece 88 veces mencionado en el Nuevo Testamento. Con este título, muy propio de las tradiciones y cultura judía, Jesús se revela como el verdadero Mesías y, también, como un auténtico y verdadero ser humano.

La respuesta de los discípulos fue diversa: algunos dicen que tú eres Juan el Bautista, otros dicen que tú eres Elías y otros que tú eres Jeremías u otro profeta. Es decir, la gente sólo veía en Jesús a un profeta judío, pero reconocer a Jesús como un profeta, no es reconocer su divinidad. La respuesta de los discípulos refleja el imaginario religioso del pueblo judío del siglo primero: El profeta era una persona común y corriente llamada por Dios para cumplir una misión específica: “Proclamar la irrupción de Reino de Dios entre los seres humanos”.

El Cristo, el hijo del Dios viviente.

Luego Jesús se dirigió a sus discípulos y les pregunta: y ustedes ¿quién decís que soy yo? (v.15). Y Pedro respondió: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v.16). Según el evangelista Mateo, Pedro hace este reconocimiento por la acción del Espíritu Santo en él, frase que no aparece en su paralelo en Marcos 8,29, en donde Jesús simplemente lo hizo callar.

Este texto nos habla de la identidad de Jesús, como el verdadero Mesías, no es un texto sobre la fundación de la Iglesia, lo que nos indicaría que estos versículos son un agregado posterior. Si comparamos su paralelo en el evangelio de Marcos 8,27-30, el primero en ser escrito alrededor del 60 d.C., la relación de Pedro con la Iglesia no aparece. En Marcos Jesús prohíbe a sus discípulos hablar de esto. Lo que deja el desafío a los discípulos y discípulas de Jesús que deberán aprender a reconocer, a través de las acciones de Jesús, que Él es más que un profeta, Jesús es el verdadero Mesías. El título “Hijo del Hombre” reconoce y revela la doble dimensión que encarnaba Jesús, el verdadero Mesías y el verdadero hombre, o ser humano, el primogénito de una nueva humanidad.

Lo primero que debemos aclarar es que la expresión “Hijo de Dios” no es cristiana, sino propia de la cultura griega y romana usada para identificar a los héroes y reyes emperadores o conquistadores; como hijo de los dioses. Los que eran adorados a través de sus estatuas, debido a sus cualidades extraordinarias, ya sea para la estrategia o el combate en la guerra.

La confesión de Pedro al identificar a Jesús como: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”, no cumple los estándares de la cultura griega/romana. Jesús no tenía el poder de un emperador, ni la fortuna de un héroe conquistador y no era un guerrero. Jesús era un profeta.

No sabemos en qué estaba pensando Pedro, si él veía a Jesús con la imagen de la cultura greco-romana, o con los ojos escatológicos de la cultura y tradición judía. Aquí los imaginarios religiosos con completamente diferentes. Además, también el término “Cristo” es un título griego y ellos lo usaban como un título político, pues los reyes eran “ungidos” y en este ritual eran untados con aceite al entronizarles. Este título en su traducción hebrea es (Meshia) Mesías, o sea, el ungido (con aceite).

Los discípulos deben aprender correctamente lo que implica para Jesús ser el Mesías en un contexto pagano o romano, en donde los emperadores por sus hazañas bélicas de dominación imperial se autoproclamaban ser Hijo de los dioses. En cambio, el mesianismo de Jesús se encarna en la figura del “Hijo del Hombre”, un símbolo y título escatológico que desea expresar la vida de una persona en su plena humanidad. Una humanidad que solo es completa cuando reconoce su dependencia exclusiva de Dios.

Jesús vuelve a preguntarnos a nosotros los cristianos y cristianas del siglo XXI, ¿Y ustedes quién decís que soy yo? Antes de responder, debemos tener presente que en la respuesta que demos a la pregunta de Jesús se pone en evidencia el tipo de fe y el imaginario religioso que tenemos respecto de Jesús el Mesías: un mesías totalmente divino, un mesías completamente humano, un mesías divino y humano. Cada uno de estos tipos de mesías tiene implicaciones respecto de la misión de la Iglesia hacia el mundo.