Ante los sucesos ocurridos en el norte del país

“Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio” (Sl 18,2) Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu (Sl 34,18).

Consternados y dolidos por los acontecimientos que han afectado a gran parte de nuestro país y ante el sufrimiento y la pérdida de vidas humanas, como Comunidad Teológica expresamos nuestra solidaridad con quienes sufren y lloran la partida de su seres queridos, así como la pérdida de sus bienes materiales y ven con impotencia que han quedado en una situación de gran vulnerabilidad. A todos quienes sufren, nuestro saludo fraterno y nuestras oraciones ante Dios para que, en su amor y gran misericordia, les consuele conforte y les de las fuerzas y voluntad para levantarse y seguir adelante confiando que este drama no les quitará el deseo y las ganas de ponerse de pie.

Que las palabras del salmista junto a la solidaridad de muchos sea también señal que, ante tanta adversidad, es posible ver señales de esperanza, de vida, de confianza.

Nuestro país permanentemente es afectado por catástrofes naturales y esta vez no ha sido diferente. Esto mismo ha hecho que su gente forje su carácter e identidad como un pueblo valeroso, abnegado, valiente y no hoy, sino desde siempre, ha sido capaz de superar los sufrimientos que tales catástrofes le acarrean. En eso nos afirmamos y en ello ponemos parte de nuestra esperanza. Chile, por otro lado, es un país de cristianos y cristianas, de muchas personas que viven su identidad religiosa y su espiritualidad y ante la adversidad, el dolor y sufrimiento pone su fe en el Dios de la vida y ese mensaje queremos transmitir y llevar a los cientos de personas afectadas.

Nos sumamos, desde nuestra experiencia, y nos unimos a todos quienes buscan soluciones y ofrecen apoyos y comprometen voluntades para paliar, en parte, el sufrimiento que en estos momentos nos afecta como país.

Invitamos a todas las personas de buena voluntad a no escatimar ningún esfuerzo para mitigar tanto dolor y sufrimiento. A cada uno/a donde esté que haga su mejor contribución y que de la generosidad de su corazón comparta con quien lo necesita.  A nuestras iglesias, pastores, pastoras, hermanos y hermanas la invitación ha sido hecha desde el mismo día de los sucesos. Acerquémonos a los lugares de acopio y contribuyamos generosamente. Hay lugares en cada ciudad donde se reciben donaciones y hasta allí les invitamos a llevar su aporte.

A quienes están en eminencia nuestro pedido es que no dejen ni cesen en el trabajo de acompañamiento y atención de las víctimas. Que redoblen los esfuerzos y agoten los medios necesarios, que incluyan a la sociedad civil y religiosa y que organicen y hagan de este momento la posibilidad de creer y unir fuerzas en pro de una causa mayor.

A los hermanos y hermanas de las iglesias evangélicas que están sufriendo en carne propia este dolor, oramos y les abrazamos a la distancia y les recordamos que el Señor está en todo momento y en cada lugar. De forma especial saludamos a las congregaciones de la Iglesia Metodista y Presbiteriana, miembros de nuestra Comunidad Teológica, localizadas en los lugares más afectados que sufren y en medio del dolor esperan y confían en que vivirán días mejores, porque las promesas del Señor se cumplirán.

Desde la fe evangélica, confiamos que la fuerza del Espíritu del Señor seguirá presente en cada uno de sus hijos e hijas, les consolará y fortalecerá. Y que en medio de tanto sufrimiento se abrirán las puertas necesarias y se prepararán las mesas para que el pueblo chileno sea bendecido y alimentado.

Profesor
Daniel Godoy
CTE de Chile.